Aquella noche, mientras miraba a aquella muchacha dormir a su lado, de cabello claro y largo, suave y brillante, mientras sentía la respiración y el movimiento de su vientre al exhalar...Sintió un ruido. Ensordecedor. Al percatarse de que aquella chica no lo había notado, decidió levantarse a averiguar de donde provenía. Al bajar, vio luces en la calle, y de repente, un corte general. Al parecer, un auto había chocado contra un poste eléctrico, lo que provocó el corte de luz. Salió a la calle, vio que no era nada grave y que ya habían llegado en su ayuda. Se dirigió a la cocina, buscando algo que comer, mientras pensaba en aquella chica que lo esperaba en su dormitorio, acostada y profundamente dormida sobre su cama; en ese momento, sintió movimiento en el segundo piso, que al parecer provenía desde su pieza, apagó la luz de la cocina, subió la escalera y apagó esa luz también. Al entrar a su pieza vio a la muchacha sentada sobre la cama, y sintió la mirada de ella sobre su cuerpo. Ella se levantó y se acercó lentamente a él, y sin saber que iba a hacer, lo abrazó; la única reacción que él pudo tener fue rodearla con sus brazos, mientras sentía los de ella a la altura de su cintura. En ese momento, ella se movió, buscó su rostro entre la oscuridad, y encontró su mirada. Al verla, sintió como su corazón se estremecía, como esos labios buscaban los suyos; ella se levantó un poco; él, al entender lo que pretendía, se acomodó a su altura, y recibió un tierno beso...Un beso cálido y sensual, pero con un toque de frialdad y mucha pasión controlada. Puso sus manos tiernamente sobre su cintura, y luego bajó hasta sus caderas. Notó que ella no había reparado en buscar su ropa o cubrirse con algo, sintió su piel fría al contacto con la calidez de su cuerpo.
La levantó un poco, notando la incomodidad que surgía por la diferencia de estatura, y la llevó hasta su cama, recostándola de espaldas mientras sus manos no dejaban de acariarlo. Sintió el temblor de sus caderas, pero logró calmarlo con una suave caricia sobre su pelo.
Sintió lágrimas en su rostro, pero no hubo incomodidad de su parte, por lo que pensó en seguir, y no detenerse.
Levantó la mirada, y a través de la luz que entraba por la ventana, vió sus ojos; unos ojos tiernos, que brillaban, llenos de lágrimas. Tal vez era emoción o incomodidad, pero ella volvió a acercrse a besarlo, por lo que no puso resistencia.
Nada le incomodaba, él estaba tranquilo y cómodo, se sentía feliz y recompensado, agradado por aquellos besos dulces, tierno y cálidos que ella le brindaba, llenos de pasión, de lujuria controlada.
Supo, en ese momento, el desenlace que tendría aquella noche oscura de luna llena, mientras coordinaba sus pensamientos y sus movimientos, para no parecer desconcertado en su quehacer. A pesar de no saber quien era él, ni mucho menos ella, sabía que existía una conexión, algo que los unía, fuera de su pasión y lujuria, fuera de la ternura y la calidez de aquel momento...Ella era para Él así como Él...era para Ella.
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